El incentivo para el polĂ­tico es el voto, no el bienestar del votante

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Hace unos dĂ­as vi la pelĂ­cula 'El Ășltimo voto', en la que un solo votante (por cuestiones que no desvelarĂ© para no hacer spoilers de la pelĂ­cula) tenĂ­a que elegir quiĂ©n serĂ­a el prĂłximo presidente de Estados Unidos.

Los líderes de campaña de los partidos directamente involucrados (Republicano y Demócrata) se desplazaban hacia la pequeña localidad del votante en concreto y modificaban sus estrategias y programas en función de los intereses que mostraba el votante.

El partido Republicano pasaba a defender al medio ambiente en su programa y el DemĂłcrata a criticar la inmigraciĂłn, todo esto en una especie de carrera por modificar los puntos electorales para satisfacer al votante.

Viendo esto, me di cuenta de que hay un claro problema económico detrås de todo este asunto (no es nada nuevo, lo sé, pero tenía ganas de escribir un artículo hablando sobre el tema).



Conflicto de intereses: de nuevo un problema de agencia


Los polĂ­ticos tienen incentivos para diseñar programas con intereses meramente electoralistas atendiendo a las preferencias de los votantes (el mayor nĂșmero de ellos). En funciĂłn de la posiciĂłn que ocupen los votantes en la distribuciĂłn (de izquierda a derecha), los partidos ajustan sus estrategias a posiciones mĂĄs centrales o radicalizadas. Si te parece interesante puedes indagar sobre la teorĂ­a del votante mediano.

El problema es que se incentiva a los polĂ­ticos a decir estupideces por la boca con tal de hacer creer al votante que satisfarĂĄn sus demandas, en lugar de incentivar a los representantes para que verdaderamente se preocupen por los ciudadanos y no por los sueldos vitalicios que obtendrĂĄn con su puesto en el Congreso o Senado.

De nuevo, nos encontramos con un problema de agencia, ¿cĂłmo pueden los votantes supervisar que los polĂ­ticos dicen la verdad y no mienten?

Hasta que podamos dar respuesta a esta pregunta, la polĂ­tica seguirĂĄ siendo tal y cĂłmo la entendemos hoy en dĂ­a.


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