El economista digital

1Oct, el día de los "cristales rotos" en Catalunya

El día en que no se votó la independencia, sino la democracia

Antes de nada, quiero dejar claro que soy apolítico, en la actualidad ningún partido político (por mucha pluralidad que haya) me representa, porque todos sus dirigentes han dejado claro que lo último que les importa son las personas, esas personas que les han llevado donde están y que pagan sus sueldos.




Dicho esto, tras la manipulación mediática habitual de los "mass media", quiero usar este artículo para expresar mi visión 100% subjetiva de una realidad social, que no política, en Cataluña.

En los días previos al 1 de octubre, a las 22:00 horas, se escuchaba un sonido atípico, el replicar de las cazuelas y sartenes reivindicando algo, un derecho a voto en un referéndum que unos han mal organizado (Puidgdemont) y otros han demonizado (Rajoy).

Todo el mundo pensaba que solo los independentistas iban a votar, que en un evento "sin validez de antemano", nadie saldría a la calle y menos aún en un día lluvioso en las calles de Barcelona.


Sin embargo, todo cambió el día del partido, sí, ese que el Barça ha tenido que jugar a puerta cerrada por el caos reinante en la ciudad, pero me refiero al otro, al evento importante del día, el de la votación.

La gente, al encender los televisores y ver las noticias a primera hora de la mañana, se llevaba las manos a la cabeza al ver la brutalidad en la actuación policial.

Una de las imágenes que más han impactado ha sido la llegada de un grupo de agentes a un colegio electoral, que han irrumpido dentro del colegio rompiendo los cristales con una maza.

No menos impactante la imagen de un policía, al saltar desde unas escaleras en el interior de un colegio sobre un hombre tendido en el suelo, ese mismo agente ha empujado por las escaleras a varias personas que caían sobre las que se encontraban sentadas pacíficamente.

El escenario de los cristales rotos, me llevó a la mente un terrible escenario histórico, conocido como "la noche de los cristales rotos" y me ha llevado a plantearme la similitud política de un escenario y otro.

Adolf Hitler, ese señor que ganó las elecciones democráticamente y destruyó medio mundo, comenzó polarizando la sociedad alemana, entre los "alemanes arios" y los "judíos", los primeros tenían el poder de la fuerza bruta, el ejército. Los segundos solían tener la riqueza, porque se les daba bien usar el cerebro y lo ponían a disposición del trabajo duro y esfuerzo por sacar adelante sus negocios.

Rajoy y Puidgdemont se parecen más de lo que se diferencian, ambos buscan polarizar la sociedad, generar 2 bandos para beneficiarse políticamente. Sus intereses partidistas dejan de lado el interés social, el primero, se presenta como "galante del españolismo", el segundo, "del independentismo".

Rajoy, esperaba salir hoy reforzado en el resto de España, entre aquellos que compran basura política barata, el segundo en Cataluña, ante los que hacen lo propio.

A pocos o a casi nadie le importa hoy el resultado, lo que importa es el ataque a la democracia


Bajo el amparo del marco constitucional se ha justificado la violencia, algo injustificable. ¿No habría sido más fácil dejar votar libremente, ejercer un derecho democrático e invalidar el resultado posteriormente bajo el amparo legal y constitucional?

Centenares de heridos y represión podría haber sido evitada de una forma tan sencilla como respetar en primer lugar la libertad de expresión, un derecho constitucional, reflejado en el artículo 20 de la constitución española.

...Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.


La justicia debe estar al servicio de la democracia y no de los intereses políticos. La hipocresía se personifica al escuchar al presidente del gobierno, Mariano Rajoy afirmar en una comparecencia pública "hoy todos tenemos motivos para creer en la democracia".

Lo cierto, es que razón no le falta, hoy se ha encendido la mecha para creer en la democracia, la gente lo ha demostrado en las calles de Cataluña, su dictadura de "austeridad para el pueblo" tiene los días contados.




Firmado: Carlos Martín (Blogger, creador de El Economist)


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