Quién esté libre de corrupción que tire la primera piedra

No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Aristóteles

Vuelve la campaña electoral (sí otra vez), los partidos políticos y sus representantes comienzan a plantearse como la mejor opción para gobernar España.

Hay algo que siempre me ha llamado la atención, especialmente en los debates que se producen en el período de campaña. Hay reproches de todo tipo, el "y tú más" del que azules, rojos, naranjas y morados hacen uso de forma habitual, diciendo que son otros los que practican esta táctica de debilitar al rival en lugar de ensalzar las fortalezas de cada proyecto (por las flaquezas y el castillo de naipes que es cada programa).

Dentro de todo este recital de "dimes y diretes", destaca el baile de cifras, en prácticamente cualquiera de los temas, en Economía, parece que ganará las elecciones el que más bestialidades y datos falsos suelte por la boca. No importa si se trata de empleo, pensiones o cualquier otro tema.

En Educación, cada uno tratando de amoldar el sistema de enseñanza a su ideología política, cuando eso nunca fue educación, sino adoctrinamiento. El mundo académico debe ser imparcial y laico, quién quiera hablar de política o religión que vaya al bar más cercano, donde encontrará a algunos parroquianos con los que compartir interesantes debates (algunos bastante más enriquecedores que los que podemos ver por televisión en campaña).

Tras esta "lluvia de ideas" en la que cada uno de los contrincantes vende sus ideas de forma fanática haciendo caso omiso a cualquiera de los argumentos que pueda aportar cualquiera de los contendientes, aunque el resultado y las conclusiones puedan ser disparatadas. Llega el momento álgido, cuando las piedras se lanzan con más intensidad sobre el tejado ajeno, es la hora de hablar de la corrupción.

piedras


Curiosamente, en ese momento, cuando cada partido critica al rival con temas de corrupción, la verdad aflora, todos los colores se mezclan, dando como resultado una tonalidad bastante oscura.

Dicen que el poder corrompe, pero eso no es cierto, el problema es que el corrupto es el que llega a las altas esferas políticas.

El servidor, el buen samaritano, al que verdaderamente le importan los intereses de la mayoría de la sociedad, se ve apartado, no por los partidos, sino por su propia moral. Prefiere realizar acciones directas ayudando cada día a las personas de su entorno, que sumarse a una esfera sólo apta para los más narcisistas y ególatras, que hacen de los problemas de todos "las soluciones" de sus programas para llenarse los bolsillos.

En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo. -William S. Maugham
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