Contratos mercantiles, el rostro de la precarización del mercado laboral

En los últimos años, ha emergido una modalidad de contrato en un elevado número de empresas, que han sabido aprovecharse de la situación para incrementar la precarización laboral y conseguir a profesionales altamente cualificados a "precio de saldo", por no decir "gratis".

Los contratos mercantiles, resultan muy útiles a la hora de reflejar acuerdos o negocios entre empresas. Tienen carácter bilateral. Por ejemplo cuando un determinado autónomo llega a un acuerdo de prestación de un determinado servicio a una empresa. Como puede ser el hecho de que un abogado preste servicios de asesoramiento legal a una compañía (con la que ha firmado previamente un contrato mercantil).


En el letrero se puede leer: Entre! Estamos contratando!

¿Qué tipos de contratos mercantiles hay?


Encontramos, diversas modalidades contractuales, entre las que cabe mencionar las siguientes.

Contratos de cambio. Caracterizados por el intercambio de un bien por otro o por la prestación de un servicio. 

Contratos de colaboración. Hace mención a los acuerdos en los que una parte se compromete a realizar una actividad para la otra con el fin de alcanzar un resultado concreto.
En esta categoría se enmarcan los contratos de comisión, edición, agencia o incluso contratos de franquicia.

Contrato de seguro. En el que el asegurador cubre al asegurado a cambio de una cuota. Asumiendo determinados riesgos.

Contratos de conservación o custodia

Contratos de préstamo y crédito:  En los que se lleva a cabo una prestación económica a cambio de la devolución de la misma con sus respectivos intereses.

Me centraré en el análisis de los contratos de colaboración, concretamente de los contratos de comisión.

Muchas empresas, especialmente del sector comercial, llevan a cabo este tipo de contratos, de tal forma que el empleado, recibe una prestación económica en función de sus resultados.

Anteriormente, la mayoría de empleos de este tipo, seguían la estructura de contrato laboral, con un salario fijo mensual y otra parte del mismo, con incentivos en función de resultados.

Los contratos de comisión, suponen en muchos casos la precarización máxima de las condiciones laborales del trabajador.

Si el empleo en cuestión, será su principal fuente de ingresos, deberá darse de alta como autónomo y abonar la correspondiente cuota de la seguridad social.

Muchas empresas, que acuden a esta modalidad contractual se respaldan en el pago del Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y les "venden" a sus futuros empleados, que no es necesario darse de alta como autónomo ni pagar la cuota de la seguridad social. ¿Es esto cierto?

En el preciso instante en que desempeñas una actividad "habitual" deberás darte de alta como autónomo.

De no cumplir esto, ese "vacío legal" puede convertirse en un arma de doble filo y volverse en tu contra (no en el de la empresa con la que has firmado el contrato mercantil).


Autónomo, contrato mercantil y... ¿mis ingresos?

Si has dado todos los pasos correctamente, te has convertido en un "emprendedor", deberás pagar la cuota de la seguridad social de autónomo (más de 250€ al mes), trabajar muy duro para conseguir clientes y cumplir los resultados. Y así cada mes.

Es decir, que si hay "meses difíciles" (y ten por seguro que los hay) en los que no consigues captar clientes.

No sólo trabajarás gratis, sino que perderás más de 200€ de la cuota de autónomo.

Esta modalidad contractual, está a la orden del día, basta con "bucear" un poco entre las principales redes de búsqueda de empleo por internet, de cada 10 ofertas, probablemente 8 atiendan a este formato.

Crear empleo sí, pero ¿a cualquier precio?



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