El coste político de ser Robin Hood

Uno de los legados de la "Gran Recesión", cuyos efectos económicos llegan hasta nuestros días, es sin duda la polarización de la sociedad.

Muchas personas que antes pertenecían a la clase media, se han visto arrastradas a la clase baja al perder su empleo y estar durante un elevado período de tiempo sin tener más ingresos que los procedentes de la prestación por desempleo.

Sin embargo, los políticos siguen orientando sus programas a la clase media, muy pocos se refieren a la clase baja.

El otro día, vi una entrevista del programa 'Salvados', en la que el entrevistado era Owen Jones, autor del popular libro 'chavs: la demonización de la clase obrera'.

Su ideología de izquierdas estaba presente a la hora de realizar críticas, pero su objetividad en el análisis también.

Vivimos en una sociedad en la que siempre se nos ha vendido que si nos esforzamos, rompemos nuestros límites y vamos más allá, seremos recompensados, cuando no es cierto.

Si el anterior supuesto se cumpliera, los recién titulados universitarios, se incorporarían de manera inmediata al mercado laboral tras finalizar sus estudios superiores, cuando la realidad es muy distinta. Se topan con un muro de contratos de formación precarios y en muchos casos, no sólo trabajan gratis, si no que pierden dinero trabajando.

Hay una reflexión de Jones, que me gustó particularmente, siempre se trata de demonizar a los parados, para desviar la atención de la mala gestión política y cada vez que vemos un barrio de clase baja parece que la prostitución y drogas son la tónica dominante (cuando en realidad siguen siendo una minoría)


El coste político de "quitarle el dinero al rico, para dárselo al pobre"



Nos venden la idea de ser clase media, para que parezca que las ayudas a los más desfavorecidos salen de nuestros bolsillos, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo. Y ya sabemos que a nadie le gusta que le metan la mano en el bolsillo.

La inmensa mayoría de votantes se sitúan en posiciones de centro, esto está demostrado con la teoría del votante mediano (aunque no ha estado libre de controversia), es decir, son parte de la clase media.

Cuánto mayor número de votantes, metan los partidos políticos en "el saco de la clase media", más votos potenciales tendrán en las próximas elecciones generales.

Quién se sitúe lo más próximo al centro posible, ganará las elecciones.

Además, defender a los que menos tienen, supone un fuerte coste político, normalmente pasan de "votantes desanimados" a no votantes, porque nadie representa sus intereses, y si hay alguien que lo hace, se topan con que ni la clase media, ni alta les dará un sólo voto. Es el precio que hay que pagar por ser Robin Hood, que nunca llegará a ser presidente del gobierno.

Los votos siguen lo que en estadística se denomina una distribución normal, representada por la campana de Gauss.



Desde Ciudadanos, conocen bien la teoría y se han situado lo más al centro posible, para captar votos tanto de unos como de otros.

El PP no tiene rivales directos en la derecha, por lo que acapara la inmensa mayoría de votos de este sector de la población.

La izquierda más moderada, el PSOE, también se sitúa en posiciones de centro izquierda.

Los tres orientan su discurso a la clase media y en el caso del PP también a la clase alta.

Los representantes de la clase baja, Podemos e Izquierda Unida, se sitúan demasiado a la izquierda como para poder captar un volumen de votos suficientes.




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