Ned Ludd, te equivocabas, las "nuevas máquinas" crean empleo

Hay una historia que siempre me ha fascinado en el mundo de la economía, para ponernos en contexto tenemos que trasladarnos al condado de Leicestershire en Reino Unido, en un momento en el que los artesanos y el antiguo sistema gremial se veían sobrepasados por la industrialización, empresas textiles, metalúrgicas, etc. En las que máquina y hombre estaban conectados.



Se conoce como Ned Ludd a un supuesto trabajador del condado mencionado anteriormente (se habla de que su existencia puede ser legendaria o dudosa) que pudo haber adoptado este nombre como pseudónimo para proteger su identidad y que incendió varias máquinas textiles como crítica a la opresión que padecían los trabajadores.

Su acción daría lugar al movimiento ludita, de carácter mecanoclasta en el que la destrucción de maquinaria era firma a menudo del "Capitán Ludd".

Ned Ludd


Por aquel entonces, las máquinas eran símbolo de destrucción de trabajo, ¿para qué tener trabajadores si una máquina lo puede hacer de manera más eficiente?.

A pesar de que las protestas y reivindicaciones en aquella época, estaban perfectamente justificadas, Ned Ludd se equivocaba.

Las "nuevas máquinas" crean empleo

Si entendemos por "nuevas máquinas" a los innovadores sistemas de producción, a la tecnología en su conjunto, Ned Ludd se equivocó.

En la actualidad, internet ha dado lugar a un elevado número de nuevos puestos de trabajo. La tienda física desaparece, pero siempre habrá alguien que gestione una web de ecommerce, alguien tiene que gestionar las redes sociales (community manager) y otra persona crear contenidos en la web.

El mero hecho de la existencia de "nuevas máquinas", si nos referimos al sector industrial, implica la creación de puestos de trabajo, ingenieros que las diseñen, técnicos que aseguren su correcto funcionamiento y operarios que realicen las tareas que la máquina no puede.

Por lo que señor Ludd, la culpa nunca la tuvieron las máquinas, si no aquellos que las usaban como excusa para reducir a su mínima expresión los derechos de los trabajadores.



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