¿Cómo valoramos lo que tenemos?

El valor de los bienes que poseemos se vuelve algo subjetivo de manera inevitable, una vez lo adquirimos por un precio de mercado objetivo, e incluso antes de hacerlo.

El valor del querer tener, tener y perder


Imagine el lector que hay una obra de arte expuesta en una galería, un cuadro de un paisaje, concretamente de un lago al que solía ir en verano durante sus años de infancia.

En la etiqueta marca un precio de 300€, pero por lo que representa, estaría dispuesto a pagar 500€ por él (ese es su precio de reserva, la cantidad máxima que estaría dispuesto a pagar por el cuadro, o lo que es lo mismo, la mínima cuantía por la que sería capaz de renunciar a esa obra de arte).

Quiere adquirir ese cuadro a toda costa y lo hace. Compra el cuadro, paga el precio y lo cuelga en la pared de su casa, dónde puede contemplarlo siempre que quiera.

Valor


Ahora que lo tiene, valora menos el cuadro, pues puede apreciar sus matices, colores, etc, a cualquier hora del día.

Un conocido, se interesa por su cuadro, al parecer es de un pintor del que es fiel seguidor y quiere incorporarlo a su colección.

Le llega a ofrecer 500€ por el cuadro, pero ahora, usted no acepta, el precio de reserva cambia, lo vendería por 650€ (más del doble del precio que pagó cuando lo adquirió).

La lógica del mercado nos diría, pagó 300€, cualquier cantidad superior, le reportará beneficios, por lo que será razonable venderlo, sin embargo no lo hace.

Finalmente vende el cuadro por 650€, no tendrá oportunidad de volver a contemplar ese paisaje siempre que quiera, en cualquier momento de la mañana, tarde o noche.

Ha perdido lo que tanto valoraba y vuelve a valorar, nunca se perdonará que ese cuadro perteneciera a un pintor cuya obra cotiza al alza, pero lo que de verdad le importa es que jamás podrá contemplar de nuevo ese paisaje inmutable al paso del tiempo.



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