Grecia: cuando el "populismo" político cae por su propio peso



En política económica, el dirigente o aspirante debe elegir entre dos opciones, "hacer lo que se debe hacer" o "hacer lo que más votos me puede reportar". Rara vez encontramos extremos absolutos, si no que nos movemos en puntos intermedios.

Con el estallido de la crisis hemos asistido a un fenómeno al que no estamos acostumbrados, los partidos políticos se han decantado claramente por una de estas dos posturas y los que se mueven en una línea difusa entre ambas han experimentado un fuerte shock.

En el caso griego, Syriza, diseñó un absurdo plan económico, que suponía disparar la deuda a niveles aún más desorbitados sin mejorar nada en su dañada economía (incluso la empeoraría). Las presuntas "políticas con carácter social", enmascaraban en realidad una política orientada a la captación masiva de votos.

Entre los programas originales de Syriza de creación de empleo, figuraban polémicas propuestas como la apertura de la televisión pública y contratación de funcionarios despedidos o la subida del salario mínimo, que en el caso heleno, con la escasa creación de empleo y la fuerte elasticidad-salario en la contratación, habría incrementado aún más si cabe el desempleo.

Grecia ha jugado al riesgo moral y al chantaje con la Unión Europea, pero Varoufakis debió tener en cuenta algo muy presente, lo supranacional tiene más peso que lo nacional. Lanzar un órdago cuando tienes una pareja de doses y tu rival tiene color al as, es estúpido, puesto que sabes que con un 100% de probabilidades perderás la mano, pues tu contrincante sabe que vas de farol (al tener la mejor mano posible).

El referéndum no ha sentado nada bien, si no hay inyección de dinero a lo largo del día de hoy, el pánico bancario se apoderará de la banca griega este lunes.

España se sacrificó, tuvo que llevar a cabo medidas impopulares cuyo peso ha sido sostenido por la población y ahora Grecia con una economía con menor importancia relativa ¿va a salirse con la suya?

Desde luego que no.

Esta semana es la más crítica desde los orígenes de la crisis UE-Grecia, todo parece apuntar a que abandonarán el euro, de hacerlo, habrán sentenciado a su economía, su país y su gente, todo por no cumplir con su palabra, prometer y no hacer.

En España, políticos como Pablo Iglesias se han manifestado por "los derechos del pueblo griego".

Lo cierto es que el pueblo griego ejerció su derecho a voto, eligiendo a charlatanes y vendedores de humo, tomaron la que probablemente será la peor decisión de su historia reciente. Mientras el político con su falsa imagen de humildad y cercanía, sigue recibiendo su sueldo mes a mes, sigue predicando hipocresía, sigue predicando el populismo que llevó a su país al borde del abismo.

Tomemos Grecia como ejemplo, evitemos incurrir en sus mismos errores. La política económica debe recaer en manos de hombres y mujeres capaces de enfrentarse a problemas, no de niños que pataleen cuando el ciclo económico llega turbulento o las expectativas no son las que se esperaban.




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