Llamemos al falso altruismo por su nombre, hipocresía

Entre uno de los muchos términos mal empleados, por las malas lenguas en que cae la Economía, encontramos el de emprendedor, un término acuñado por la prensa sensacionalista que en la mayoría de las veces busca dar alas a una nueva burbuja. Una burbuja de personas que juegan a ser empresarios, sabiendo de economía, lo que ven en los telediarios, y ni siquiera comprendiendo conceptos tan simples y elementales para un economista como es la prima de riesgo.

El concepto empresario, procede del término anglosajón "entrepeneur" o puede que no, pues mi vocación es la economía y no la bohemia y por lo tanto, puedo hablar de personas y números, al ser ésta una ciencia social y no de letras y libros que tan lejos quedan del mundo real, salvo vagas ocasiones como la del maestro recientemente fallecido Gabriel García Marquez.

El mundo se ha llenado de falsos altruistas, de supuestos mártires, que apelan a la "Gran Recesión" para camuflar su verdadera naturaleza.

Aquellos que en sus palabras (a pesar de conocer poco de economía), mientan a uno de los mejores economistas de la historia, como es Karl Marx y aparentemente se sienten identificados con su ideología, con la lucha contra el patrón, con que la plusvalía se obtiene a partir de remunerar de manera injusta la productividad marginal del trabajador, en realidad, no son más que el máximo exponente de su crítica.

Uno de los clásicos, también grande, pues si hay algo que a mi personalidad no le afecte es la ideología de las personas, es más, considero que fusionando los distintos puntos de vista, alcanzaríamos una sociedad plena en todos los sentidos, Jean-Baptiste Say, aquél que dijo que toda oferta genera su propia demanda, afirmó en su obra Tratado de Economía Política, publicada en el año 1803 : ""es raro que tales empresarios sean tan pobres que no posean por lo menos parte del capital que emplean"

Fíjense, un señor a comienzos del siglo XIX, tenía más conciencia que muchos en el actual siglo XXI. Porque lo raro, es jugar a un juego, sin conocer las reglas perfectamente y sin tener un colchón sobre el que caerse si la situación va mal.

Muchos de los que ahora critican las políticas de austeridad, no quieren hacer una reflexión que va más allá. Aprovechando el período de Semana Santa, tal vez sea cierto que ningún acto quede sin castigo, pues muchos de los que jugaron a ser empresarios sin sentido, a ver sus opciones de lucro y beneficio, de un futuro de bolsillos llenos hoy se han topado con un gigante llamado realidad.

En una relación contractual, no hay amistad y bien lo sabían los que llamando cariñosamente a sus empleados, en los tiempos de bonanza se llenaban los bolsillos por medio de la plusvalía, que definió Marx, es decir por remunerarles por debajo de lo que realmente producían.

En tiempos de la "Gran Recesión", el espíritu de trabajador que lucha por lo que es suyo, y ante un mercado laboral que defiende a capa y espada al empresario, que en tantos y tantos casos nunca debió aventurarse en ese desafío que muy pocos elegidos saben hacer frente, a base de expedientes de regulación y de impago de nóminas durante meses. Esa recuperación de espíritu de lucha por una sociedad más justa e igualitaria desde la clase obrera (que no burguesa, recordemos para aquellos que confunden el término que la burguesía obtiene sus rentas del capital y no del trabajo, es decir, burgués es el empleador y no el empleado) tiene un resultado, como toda causa...

...La justicia deja caer su dulce mazo, sobre aquellos que ahora se arrepienten de los errores pasados.




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