La Obsolescencia Programada como problema del consumidor

Los consumidores buscan maximizar su utilidad, de modo que alcancen el máximo bienestar posible. Sin embargo, la Obsolescencia Programada dificulta seriamente este proceso.




El consumidor que quiere tener un coche, no quiere que este se estropee y tenga que ir al taller a menudo, el que compra una prenda de ropa quiere que le dure el máximo tiempo posible, no que se estropee en varias semanas.

Este es un enfoque un tanto diferente del problema de la Obsolescencia Programada, que podemos ver en el documental "Comprar, Tirar, Comprar".

El ejemplo que ponen en el documental es el de las mujeres de los años veinte, que compraban medias de nylon prácticamente indestructibles, y que posteriormente desaparecieron y surgieron nuevos modelos de medias que se rompían solo con mirarlos.

La obsolescencia programada crea a un consumidor insatisfecho, para que este piense que al consumir más, va a mejorar su utilidad, pero al ser la vida útil de los productos tan limitada, el tiempo que tiene que destinar al trabajo para conseguir un bien, es mayor que el tiempo que tendrá ese bien.

Si los bienes duraran de por vida, la demanda quedaría cubierta de manera completa y no habría necesidad de producir.

Esto no supondría un problema, si no una economía en la que los individuos tuvieran cubiertas todas sus necesidades y pudieran destinar su tiempo al ocio o a la investigación para la evolución y creación de nuevos productos.

La Obsolescencia supone por lo tanto un freno a la hora de maximizar nuestra utilidad como consumidores.



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